En un trabajo reciente, David Autor (MIT) y Anna Salomons (Universidad de Utrecht) se hacen esta pregunta. Y para responderla estudian la evidencia de las cuatro últimas décadas en 19 países desarrollados. El estudio distingue y contabiliza cuatro tipos de efectos sobre el empleo. El primero es el efecto directo que el cambio tecnológico induce en el empleo del sector donde dicho avance se ha generado. Este es el efecto que más fácilmente se observa y, por tanto, es el que a menudo nos alarma. Sin embargo, es solo una parte de la historia y no necesariamente la más importante. También existen tres efectos indirectos a través de la vinculación productiva de los sectores.
¿Pero, qué ha ocurrido con la remuneración del trabajo? Los cuatro efectos anteriormente descritos también la alteran.